De acuerdo con los datos más recientes de la AAA, el impacto en Estados Unidos es drástico. El precio promedio del galón de gasolina ha escalado hasta los 3.84 dólares, una cifra alarmante comparada con los 2.98 dólares que se registraban antes del estallido de las hostilidades.
Este incremento responde directamente a la parálisis y el riesgo en el suministro proveniente de Oriente Medio. El petróleo, que cotizaba en torno a los 70 dólares, ha experimentado un repunte agresivo debido a la inestabilidad en rutas marítimas vitales.
El malestar social comienza a hacerse evidente en las calles. En Luisiana, los conductores reportan una pérdida significativa de su poder adquisitivo.
El sentimiento es generalizado entre los consumidores, quienes describen la situación actual como "horrible" ante un panorama donde llenar el depósito se ha vuelto un lujo.
Desde la Casa Blanca, el presidente Donald Trump ha mantenido una postura pragmática y provocadora frente al alza. El mandatario ha defendido el incremento de los precios argumentando los beneficios para la industria nacional.
La postura oficial: "Cuando suben los precios del petróleo, ganamos mucho dinero", afirmó Trump, destacando el papel de EE. UU. como uno de los principales productores globales.
El riesgo real: A pesar del optimismo presidencial, los expertos advierten que este fenómeno podría ser el combustible de una inflación galopante que afecte el gasto general de los hogares si el conflicto se prolonga.
La mayor preocupación de los analistas reside en el Estrecho de Ormuz, el punto neurálgico por donde transita gran parte del petróleo mundial. Las interrupciones en esta vía clave mantienen una presión constante sobre los precios, dejando un panorama económico incierto en el corto plazo y amenazando la estabilidad de los mercados energéticos internacionales.

