Culiacán, Sinaloa.- Tras años de un hermético silencio mediático y judicial, Lucero Guadalupe Sánchez López, exlegisladora sinaloense conocida públicamente como la "Chapodiputada", ha reaparecido para ofrecer un testimonio crudo y desmitificar la figura de Joaquín "El Chapo" Guzmán. En una reveladora entrevista, Sánchez desentrañó la realidad de su vínculo con el exlíder del Cártel de Sinaloa, abordando desde el infierno de su convivencia en la sierra hasta las recientes controversias que circulan en los tribunales de Estados Unidos.
Lejos de los lujos y el glamur que la narrativa popular suele atribuir al narcotráfico, Sánchez relató que su relación con Guzmán Loera comenzó en un contexto de profunda vulnerabilidad y aislamiento. El vínculo se estrechó al grado de compartir el día a día en zonas serranas y casas de seguridad en Culiacán. Sin embargo, su rol distaba mucho del de una pareja convencional: ella era su cuidadora, la encargada de atender sus enfermedades y realizar sus curaciones físicas.
Durante este periodo, la joven se vio envuelta en una dinámica de dependencia emocional que hoy define abiertamente como Síndrome de Estocolmo. La vida al lado del capo más buscado del mundo implicaba una falta total de privacidad y una sumisión que terminó por desgastar su salud mental.
El quiebre definitivo de la confianza ocurrió cuando Sánchez descubrió que Guzmán la mantenía bajo vigilancia extrema a través de micrófonos y cámaras ocultas en un vehículo que él mismo le había obsequiado.
Al confrontarlo en medio de una crisis emocional —y armada con una pistola calibre .25 con la que inicialmente planeaba quitarse la vida—, se desató un forcejeo. En la disputa, un disparo hirió levemente la oreja de Guzmán, lo que provocó una agresión física severa por parte del capo. Sánchez logró salvar la vida gracias a la intervención de un asistente de Guzmán que derribó la puerta al escuchar el escándalo. Ensangrentada y desesperada, huyó hacia una zona comercial en Culiacán, desde donde contactó a su familia para abandonar la ciudad.
La exlegisladora también revivió uno de los episodios más dramáticos de la historia criminal reciente: la fuga de febrero de 2014 en Culiacán. En plena madrugada, ante un operativo binacional, Sánchez y "El Chapo" escaparon por un túnel oculto conectado al sistema de drenaje de la ciudad.
"El recorrido de aproximadamente dos kilómetros fue extenuante; Guzmán salió con múltiples raspones y moretones", detalló, heridas que el capo intentó ocultar días después en Mazatlán, donde finalmente fue capturado.
Posteriormente, con Guzmán recluido en el penal de máxima seguridad del Altiplano, Sánchez fue llevada mediante engaños por los propios abogados del narcotraficante para una visita. Tras ingresar con documentos falsos, su imagen se filtró a la prensa, detonando el escándalo que le valió el mote de "Chapodiputada".
Sánchez sostiene firmemente que fue utilizada como una cortina de humo por el equipo legal de Guzmán: mientras la opinión pública y los medios se concentraban en el escándalo de su visita, el capo ya orquestaba su famosa fuga a través del túnel del penal.
Finalmente, la excongresista abordó la reciente circulación de cartas que supuestamente Joaquín Guzmán envió desde prisión al juez estadounidense Brian Cogan. Al respecto, Sánchez fue tajante al desmentir la autenticidad de los documentos.
La caligrafía: Aseguró que la letra en esos documentos no pertenece al capo.
El estilo: "Él escribe en letra cursiva", afirmó con seguridad, argumentando que conoce perfectamente su escritura debido a la nutrida correspondencia personal que mantuvieron en el pasado.
Para Sánchez, estas misivas podrían ser autoría del equipo legal actual de Guzmán y no del propio puño y letra del capo, sembrando dudas sobre las estrategias que se siguen jugando en las cortes de Nueva York.

