La isla de Kharg no es un objetivo cualquiera: gestiona aproximadamente el 90% de las exportaciones de crudo de Irán. Gracias a sus aguas profundas, es el único punto en la región capaz de recibir a los superpetroleros más grandes del mundo, lo que la convierte en una pieza irremplazable para Teherán.
Según reportes de la agencia estatal Mehr y el canal Al Araby, las detonaciones fueron audibles en toda la zona. No obstante, fuentes citadas por el medio Axios aseguran que el Pentágono dirigió sus proyectiles exclusivamente contra infraestructura militar.
"Los ataques fueron llevados a cabo por Estados Unidos y golpearon únicamente objetivos militares, dejando intactas las terminales de carga y las plantas de procesamiento", afirmó un alto funcionario estadounidense.
Este enfoque busca degradar las capacidades de defensa iraníes sin provocar, por el momento, un desastre ambiental o un colapso total del mercado energético global. Se trata del segundo operativo de este tipo en menos de un mes, tras el ataque del pasado 13 de marzo donde, según Trump, los objetivos militares fueron "totalmente obliterados".
El ataque ocurre apenas 48 horas después de que el presidente Trump endureciera su postura en una entrevista con el Financial Times. El mandatario no solo vinculó estos ataques a la seguridad regional, sino que sugirió abiertamente la ocupación de la isla.
La frase: "Queremos ese petróleo y podríamos tomar la isla", declaró Trump el pasado domingo.
El contexto: El mandatario busca utilizar el control de la infraestructura energética como una ficha de cambio definitiva en las negociaciones para poner fin al conflicto actual.
Pese a la magnitud del ataque, el liderazgo en Teherán intenta proyectar una imagen de resiliencia y control. Moussa Ahmadi, jefe de la comisión de energía del parlamento iraní, aseguró a la agencia ISNA que las exportaciones de crudo no solo se mantienen estables, sino que han registrado un incremento en los últimos días.
Sin embargo, analistas internacionales advierten que la proximidad de los ataques a las terminales petroleras sitúa al mundo al borde de una crisis energética sin precedentes, dependiendo de cuál sea la respuesta de Irán ante la violación de su soberanía en su punto económico más sensible.
